Mi padre se cayó por unas escaleras mecánicas de la estación de Atocha y en el Hospital Fundación Jiménez Díaz le atendieron fatal

El lunes 18 de septiembre de 2017, mi padre –de 68 años– se cayó por unas escaleras mecánicas en la estación de Atocha (Madrid). Dichas escaleras mecánicas –que estaban paradas– dan acceso al tren de Cercanías para ir a la Terminal 4 del aeropuerto, por la vía 1. Él y mi madre –de 64 años– se iban de viaje de vacaciones a Guatemala. Viaje que habían contratado a través de una agencia.

Escaleras mecánicas de Atocha en Madrid
[Escaleras mecánicas en la estación de Atocha donde se cayó]

Al poco de empezar a bajar las escaleras –quizás 4 o 5 escalones– no pudo sujetar bien la maleta que llevaba, se le venció hacia adelante y perdió el equilibro. Los escalones eran muy estrechos y de una altura considerable. Se fue de morros. Mi madre que estaba detrás y vio la escena –le vio en el aire, sin ningún punto de apoyo– empezó a chillar “¡Vicente! ¡Vicente!” y a llorar mientras bajaba corriendo –no sabe cómo– por las escaleras con otra maleta. Ella veía cómo mi padre se iba dando trompazos y golpeando la cabeza contra los escalones, y así hasta el final de las escaleras, aproximadamente unos 35 escalones. Pensó que se había muerto. Quedó tendido en el suelo.

Cuando llegó a su encuentro, se agachó y fue a cogerle. Pero, no le dejaron.

—¡Llévense a la señora!— dijo alguien, y se la llevaron a unos asientos cercanos. Un vigilante de seguridad le acompañaba. A mi padre, en un primer momento, le atendió un enfermero que iba a trabajar y que había visto desde abajo cómo se había caído. Acudieron varios vigilantes de seguridad y también varios agentes de la Policía Nacional. Les tomaron nota de sus datos: nombres, DNI, de dónde eran, a dónde iban, etc.

Mi madre recuerda ver a mucha gente que pasaba por allí y miraban. Mi padre estuvo consciente en todo momento. Pero, se quejaba de los brazos, le dolían mucho. Por otra parte, tenía toda la cara ensangrentada de los cortes producidos por los golpes que se había dado contra los escalones de las escaleras.

Según consta en el INFORME DE ASISTENCIA SANITARIA del SAMUR que fue a atenderle, la ambulancia llegó a las 15:05h.

Quedó malherido y fue trasladado por dicha ambulancia al Hospital Fundación Jiménez Díaz (del Grupo Quirónsalud) donde permaneció más de 90 horas en un box de urgencias. En el hospital nos decían que no tenían habitaciones libres.

Realmente, al día siguiente de ingresar –el martes 19 de septiembre de 2017– ya querían darle el alta y que se fuese a casa. Pero él no se podía mover. Lo pusieron en pie. Mi padre se mareaba. Le temblaban las piernas. No dio ni un paso. Así que, lo volvieron a tumbar.

Tenía los dos húmeros rotos, un coágulo en la cabeza que por suerte evolucionó favorablemente en los días posteriores y heridas y contusiones por todo el cuerpo (manos, piernas, etc.), especialmente en la cara, donde además recibió 15 puntos en la frente. No entendíamos cómo le querían dar el alta tan pronto en esas condiciones.

Unos días más tarde encontré el siguiente tuit:

Sanitarios atendiendo a una persona en escaleras mecánicas

Por la fecha y hora del tuit –18 sept. 2017 a las 15:16h.– deduje que la persona a los pies de las escaleras mecánicas paradas a la que se refería, tenía que ser mi padre, ya que, aunque mis padres se dirigían a la vía 1, las escaleras por las que bajaron son las que están más cerca de la vía 2.

Tras diversas gestiones, el viernes 22 de septiembre de 2017, fue trasladado en una ambulancia con enfermera al Hospital de Sagunto, ya que mis padres residen en el Puerto de Sagunto (Valencia). Fue como llegar al cielo después de haber estado en el infierno. Hasta ese día por la mañana, en el Hospital Fundación Jiménez Díaz (FJD) no le cambiaron las sábanas ni lo lavaron como se debe. Como dato diré, por ejemplo, que mi padre tuvo manchas –pegotes de sangre– por la cara y la cabeza hasta ese día.

Sentimos que lo habían abandonado en el box de urgencias. De hecho, desde que un traumatólogo habló con mi madre el lunes por la noche para decirle que en la sesión clínica del día siguiente –martes 19 de septiembre– por la mañana, decidirían si le operaban o no del húmero izquierdo, ningún traumatólogo volvió a hablar con nosotros para proporcionarnos información sobre su decisión. Todas nuestras peticiones verbales para que viniese un traumatólogo a darnos explicaciones fueron desatendidas. Incluso, llegamos a poner dos reclamaciones por escrito los días 20 y 22. Pero, ni aún así, ningún médico del Servicio de Traumatología del Hospital FJD se dignó a venir para darnos explicaciones.

En el hospital de Sagunto, le hicieron nuevas pruebas –el Hospital Fundación Jiménez Díaz no les proporcionó las que le había hecho en Madrid– y el jueves 28 de septiembre de 2017 fue operado del húmero izquierdo.

En el informe del Hospital de Sagunto se puede leer que tenía “Fractura de cuello quirúrgico del húmero izquierdo con rotación interna y desplazamiento de la fractura de hasta 2 cm con discreta impactación de la misma”. De modo que, de no haberle operado, la funcionalidad del brazo izquierdo de mi padre se hubiese visto muy perjudicada. En cuanto al húmero derecho, aunque también lo tenía roto, los médicos determinaron que no era necesario operarle.

En la siguiente imagen se puede ver la placa que le pusieron de aproximadamente 7 centímetros, atornillada al hueso con 8 tornillos, así como la fila de 18 grapas que utilizaron para cerrar la herida de la operación:

Radiografía de placa atornillada a humero izquierdo
[Radiografía de la placa atornillada en el húmero izquierdo, realizada un día después de la operación]

Los traumatólogos del Hospital de Sagunto nos explicaron que, de no haberle operado, dado que tenía los huesos desplazados (sueltos), hubiese perdido un gran porcentaje de movilidad. Aún así, es muy probable que no recupere el 100%.

Personalmente, me hago la siguiente reflexión: “Si los traumatólogos del Hospital FJD hubiesen tenido claro que el húmero izquierdo de mi padre no había que operarlo –al igual que el derecho– pienso que hubiesen venido a comunicárnoslo tranquilamente. Pero, el hecho de que ninguno viniese a dar explicaciones (a dar la cara), me hace pensar que sabían perfectamente que había que operarle, si no, ¿qué otro motivo podía haber para que ninguno viniese a hablar con nosotros?”.

Y también me hago las siguientes preguntas:
  • ¿Por qué decidieron no operarle?
  • ¿Por qué le tuvieron más de 90 horas en un box de urgencias?
  • ¿Por qué no le cambiaron de sábanas ni lo lavaron adecuadamente durante tantísimas horas?
Por otro lado, respecto a las escaleras mecánicas por las que se cayó, cuando fui a Madrid el miércoles 20 de septiembre de 2017, descubrí que esas escaleras y todas las que dan acceso a los trenes de Cercanías, hacía unas pocas semanas habían estado cerradas mediante unas vallas –no siendo accesibles a los usuarios– y, posteriormente –días más tarde– las escaleras habían sido abiertas, pero paradas, es decir, sin estar en movimiento.

También me enteré de que, a raíz del accidente de mi padre, Renfe colocó a personal delante de las escaleras de acceso a los trenes de Cercanías de Atocha recomendando a la gente que llevaba maletas que fuesen por otras escaleras que están más al fondo –por un lateral– y son menos peligrosas. Pero, a mis padres nadie les avisó, nadie les indicó que había otras escaleras más seguras por donde poder acceder a la vía 1. Acerca de ello, encontré el siguiente tuit, que fue escrito el 19 de septiembre de 2017, un día después de que mi padre se cayese:

Personal de seguridad y taquilla en escaleras mecánicas

También encontré otras muchas quejas relacionadas con las escaleras mecánicas en Internet. Por ejemplo, véase en el siguiente enlace un debate en un foro iniciado el 12 de agosto de 2017:
Asimismo, en las siguientes cuentas de Twitter, leí muchísimos tuits relacionados con el problema de las escaleras mecánicas en diferentes estaciones: Atocha, Méndez Álvaro, Zarzaquemada, etc.:
Por otra parte, hallé varias noticias relacionadas en distintos sitios web:


TRASTORNO FAMILIAR

Todo lo ocurrido nos ha supuesto un gran trastorno familiar a mis padres, a mi hermano Paco –que también fue a Madrid– y a mí.

El día 25/09/2017 a mi madre le dieron la baja médica por ansiedad y está recibiendo tratamiento psicológico. Ha sufrido mucho y tardará en recuperarse y volver a su vida normal.

A mi padre le esperan meses de recuperación y rehabilitación. Por lo que, pasará bastante tiempo hasta que pueda volver a su vida anterior –está jubilado– ya que, hay que ayudarle a vestir, comer, lavarle, etc. Tiene dolores en los brazos y en las manos. No duerme bien. A día de hoy, con ninguno de los dos brazos puede hacer muchas tareas cotidianas y habituales como, por ejemplo, peinarse.

Mi hermano adelgazó más de 3 kilos durante esos días. Paco es estudiante y perdió días de clases que tuvo que recuperar.

En mi caso, adelgacé más de 5 kilos y el lunes 02/10/2017 tuve un desfallecimiento, aunque no perdí el conocimiento. Me dieron la baja médica, también por ansiedad. Volví a trabajar el 16/10/2017.

Desde el día 20/09/2017 que fui a Madrid, hasta el día 27/09/2017 que regresé a Pamplona para seguir trabajando, contabilicé haber hecho y/o recibido 398 llamadas de teléfono. Fue muy estresante, no solo el hecho de ver a mi padre malherido, sino todo lo demás; descubrir la problemática que existe sobre las escaleras mecánicas –a mis padres nadie les avisó de su peligrosidad– y haber sido tan mal atendidos en el Hospital Fundación Jiménez Díaz. Esperamos no tener que volver allí jamás.

Nunca pensé que vería sufrir tanto a mis padres. Ellos, mi hermano y yo, nos sentimos con el deber moral de dar a conocer públicamente lo que nos ha pasado. Mi padre podía haber perdido la vida al caer por las escaleras mecánicas de Atocha. Depués, como ya he explicado, el trato recibido en el Hospital FJD fue horrible, indignante, impropio de un hospital. También es justo decir que hubo personal del hospital (médicos, enfermeros, celadores…) que sí se portó bien y se solidarizó con nuestra situación, que tampoco entendían.

Todo lo que nos ha ocurrido se podía haber evitado. El pasado ya no se puede cambiar. Pero, el futuro sí.

Por todo ello, he escrito este artículo y, además, solicitamos que las autoridades y los organimos competentes hagan lo que estimen oportuno y esté en sus manos, para que lo sucedido a mi padre –o algo peor– no le pueda volver a pasar a nadie más.

MÁS INFORMACIÓN EN INTERNET SOBRE LAS ESCALERAS MECÁNICAS DE ATOCHA Y OTRAS ESTACIONES DE MADRID

Acerca del problema de las escaleras mecánicas, en Internet, cada vez hay más información (noticias, quejas en redes sociales, fotos, vídeos…). Por ejemplo, las siguientes noticias:


Otra noticia, anterior a las ya mencionadas, pero muy relacionada, es la siguiente:

  • [30/06/2017] 4 accidentes graves y 110 leves: las escaleras mecánicas siguen esperando su regulación (elconfidencial.com) En esta noticia se puede leer que, “según los datos que maneja la FEEDA,... el 50% del parque de escaleras mecánicas en España fueron instaladas antes del 2000, y solo el 20% son posteriores al año 2009 y cumple con la norma UNE-EN-115 (marco regulatorio reconocido en lo relativo a la fabricación, puesta en marcha, mantenimiento e inspección) emitidas por la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR).”.

Por otra parte, además de los tuits a los que ya he hecho referencia. A continuación, pongo enlaces a algunos más, de los muchísimos que he encontrado:


Algún motivo para cerrar las escaleras mecánicas en varias estaciones


Cercanías Madrid dónde está vuestro CM


Renfe paraliza en agosto escaleras mecánicas de Majadahonda


Cercanías Madrid lleva meses con escaleras mecánicas paradas


Gente luchando en escaleras mecánicas de Atocha




Cuando arreglar escaleras mecánicas de la estación de Renfe de Atocha


Señora se marea al subir escaleras


También en Facebook he encontrado quejas. Por ejemplo:

Atocha a las siete y media de la mañana en Madrid

MIS PADRES (PAQUI Y VICENTE)

En este artículo no he querido incluir ninguna de las fotos que tenemos de mi padre malherido en el hospital o en casa (con heridas, moratones, etc.), son imágenes muy tristes. En su lugar, para terminar, he preferido mostrar dos fotos de mis padres cuando viajaron a Vietnam el año pasado.

Paqui Rivas
[Paqui Rivas - Agosto de 2016]

Vicente Pes
[Vicente Pes - Agosto de 2016]

Hasta ahora, mis padres han sido muy viajeros y, siempre que han tenido ocasión, han viajado por España o el extranjero. Este año no han podido disfrutar del viaje que habían programado a Guatemala en los días de vacaciones que tenía mi madre y, hoy por hoy, han perdido toda ilusión por volver a viajar. Espero que algún día puedan recuperar dicha ilusión.